Tiempo con nuestros hijos: ¿cantidad o calidad?

tiempo de calidad

Cuando hablamos de tiempo con l@s hij@s, es inevitable no pensar en la jornada laboral, escolar, las actividades extra programáticas y obligaciones de todos los integrantes de la familia que en ocasiones no permiten pasar tanto tiempo como uno quisiera. En particular, para las interacciones y vínculo entre padres/madres e hij@s, hablamos de tiempo de calidad por sobre cantidad, pero de que se trata esto precisamente.

Tiempo de calidad refiere a que todas las interacciones que mantengamos con nuestr@s hij@s, a pesar de que sean en tiempos reducidos, sean lo más nutricias posibles, en términos de disponibilidad afectivas de los padres/madres y de lograr responder a las necesidades de l@s niñ@s. Por lo que vemos, no es solo el mero hecho de estar presente físicamente sino que requiere de algunas habilidades parentales más desarrolladas.

Es fácil caer en la tentación de que el tiempo de calidad puede satisfacerse a través de actividades, sin embargo, es importante saber que más que hacer, es sentir. Programar actividades pensadas desde la comodidad del adulto, puede transformarse finalmente en una actividad compulsiva, más que responder a la propia necesidad de niño, por lo que es importante empatizar con lo que el siente y quiere, como también leer nuestra propia capacidad de estar disponible. La idea es lograr equilibrar lo que l@s niñ@s quieren con lo que los padres pueden, así vamos potenciando la toma de decisiones, opiniones y manejo de la frustración, no solo de l@s niñ@s, sino de los padres/madres también. Un muy ejemplo es pensar: Vamos a un parque de diversiones, el cual es muy entretenido, yo como padre podre estar disponible para él, podré acompañarlo, tendré el ánimo suficiente, podremos compartir, etc.

Es importante reconocer “tres enemigos” del tiempo de calidad, en primer lugar, el celular, estar frente a nuestro celular durante las interacciones con l@s niñ@s, finalmente nos aleja ya que solo respondemos a la demanda física pero y ¿a la emocional?, la demanda más importante a responder, si además, tenemos poco tiempo. Segundo, la culpa, son muy propio los sentimientos de culpa asociados al escaso tiempo que los padres/madres pueden pasar junto a sus hij@s y es entendible que eso suceda. Por eso es importante reconocer cuando estamos frente a la culpa ya que ésta puede ser causante de que las interacciones con l@s niñ@s no sean totalmente auténticas y caigamos en el hacer, frenando el objetivo último, de vincularnos nutriciamente. Tercero, lo que le sirve a mi amiga, me sirve a mí; caer en este punto es bastante común, tendemos a pensar que una buena experiencia en otro, lo será para mi también, pero esto no es así, es importante siempre tener como marco de base, que cada niñ@ es único y por ende, sus necesidades también, para un niñ@ “x” dormir con sus padres puede valer como tiempo de calidad y para un niñ@ “y” es que lo acompañen a una actividad.

Para lograr medir de alguna manera si nuestro tiempo de calidad, fue realmente de calidad, es interesante revisar nuestra propia sensación de cómo se desarrolla nuestro día junto a nuestr@s hij@s. Si la sensación es de sentirse abrumado, cansado o insatisfecho, sería relevante revisar y re-plantearnos formas de tiempo de calidad. Si por el contrario, estamos cansados pero nos sentimos satisfechos y emocionados por el día transcurrido, es un buen indicios de que lograste generar espacios y tiempo de calidad con tus hij@s.



Camila Silva Madariaga(@ps_camilasilva) es psicóloga infanto juvenil con diplomado en psicopatología, parentalidad, apego y desarrollo. Terapeuta en Espacio Terapéutico Agua de Luz (@espacioaguadeluz).