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DELIRIOS CIVILIZATORIOS

DELIRIOS CIVILIZATORIOS

“No soy ni un fanático ni un soñador. Soy un hombre negro que ama la paz y la justicia, y ama a su pueblo”. La frase es de El-Hajj Malik El-Shabazz, uno de los hombres que más ha luchado por la igualdad racial en Estados Unidos. A 55 años de su muerte, el mensaje de Malcolm X resuena con más fuerza que nunca. No pudo dejar de llamarme la atención esta cita. Norteamérica no está frente a una horda de dementes incivilizados dispuestos a corroer las bases de la civilización occidental, como lo quieren hacer ver algunos medios y autoridades del país del norte. Está frente a la población afrodescendiente. Frente al descontento de un pueblo que ama a su pueblo. Frente a un pueblo que volvió a unirse en protesta para alcanzar paz y justicia, para hacer entender que cuando se habla de igualdad de derechos, es para todos. Y lo más importante, que ese “todos” incluye a los suyos. No son fanáticos, es una parte importante de la población demandando dignidad y vida. No son soñadores, son constructores de su propia historia. Están lo suficientemente lúcidos como para entender que Estados Unidos obtuvo su poder y su riqueza gracias a que sus antepasados tuvieron que sufrir la esclavitud. Están lo suficientemente lúcidos para ver que sus abuelos tuvieron que ser ciudadanos de segunda categoría en pos de que los blancos mantuvieran sus privilegios de clase. 

Están lo suficientemente lúcidos para comprender que fueron marginados a guetos donde la pobreza y la drogadicción hacen muy difícil el ascenso social. No, no están locos, saben muy bien donde están parados. Y es que está más que claro que el racismo ha estado presente desde que los padres fundadores firmaron el acta de independencia. Esa misma acta que declara que “todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad…”; jamás consideró a los afrodescendientes ni a los nativos americanos. No, Thomas Jefferson y George Washington siguieron trayendo esclavos desde las costas de África sin ningún cargo de conciencia o contradicción moral. Siguieron pensando que estaban creando “the greatest nation on earth”, que eran el siguiente paso en el caminar del espíritu humano, mientras el resto de las etnias sufrían de su desarrollo.


Es por ello que no puedo dejar de reflexionar sobre la figura del racista. Así cómo el afroaméricano no es ningún fanático o desquiciado, la verdad es que el racista tampoco lo es necesariamente. Créame cuando le digo que el racista no solo es la caricatura hittleriana o el supremacista blanco del Ku klux klan. No, a ellos los podemos identificar, separar y quedarnos tranquilos. Nos aliviamos, nos decimos a nosotros mismos que nuestras mentes no están trastornadas con el extremismo que ellos muestran. Lamentablemente, el racismo ha sido un fiel compañero del origen de las naciones occidentales, y por ello, también de muchos de sus ciudadanos. El racismo no es una enfermedad mental, no es ningún trastorno, es un sistema, un modo de operar que ha afectado profundamente la identidad de muchos países, incluidos Chile.


Sí, hay un problema en la identidad de Chile y es debido a su delirio de grandeza. Nos hemos creído los más grandes entre nuestros vecinos, los más avanzados, los más desarrollados. Nuestra identidad, poco a poco, se fue amoldando a la sombra de Estados Unidos, heredando varios de sus mayores males. Si, padecemos de delirios de grandeza y por las peores razones. Más del 40% de los chilenos considera que su país es más desarrollado que los aledaños debido a que existe una menor población indígena. Si no me cree, pregúntele al estudio realizado por la Universidad de Chile y el INDH sobre Tolerancia y no Discriminación. Porcentaje parecido considera que el pelo rubio es signo de distinción. ¿Necesita la fuente de los datos? No se preocupe, consulte al Centro de Estudios de la Opinión Ciudadana, y de paso puede repasar la estadística del 70% de la población que cree necesario limitar el ingreso de migrantes al país. ¿Nórdicos, norteamericanos, australianos? No precisamente, es a nuestros hermanos latinos a quienes debemos negarles la entrada. Como dice Portavoz en Poblador del Mundo: “Y ser extranjero no es el dilema, acá hay viajeros de pelo rubio y tienen cero problemas, no son mirados en menos son buenos como cualquiera, y es que el tema no es ser forastero el tema es mi piel morena”. 


El racismo tiene una larga historia en Chile, no crean que ha aparecido producto de las migraciones del resto de Latinoamérica a nuestro país. Durante gran parte del siglo XIX, los loncos mapuches enviaban cartas a La Moneda cada vez que había un cambio de Presidente. Estos escritos se enviaban con una copia en español y otra en mapudungun. Tanto los mandatarios chilenos, como los loncos mapuches, hablaban ambas lenguas y las misivas contenían temas tan importantes como economía, situaciones fronterizas o intercambios culturales. Y aunque el tinte de las cartas no siempre mostraba acuerdo entre las partes, sí que existía respeto y diplomacia. Todo eso cambió a partir de 1860, año desde el que progresivamente el ejército chileno invadió Wallmapu (la Araucanía). No fue otro que nuestro emblemático Benjamín Vicuña Mackena, el 9 de agosto de 1868, quien haciendo gala de la más cruel e ignorante muestra de racismo, habló al parlamento con las siguientes palabras: “El indio no es más que un bruto indomable, enemigo de la civilización porque solo adora los vicios en los que vive sumergido, la ociosidad, la embriaguez, la mentira, la traición y todo ese conjunto de abominaciones que constituyen la vida salvaje”. Los ideólogos del racismo chileno armaron con ideas y convicciones a los soldados del ejército. A plomo y sangre nuestras fuerzas armadas usurparon las tierras, los hogares y las familias de los mapuches. No contento con ello, el racismo se mantuvo como política de Estado. El blanqueamiento de los apellidos era una práctica común en el registro civil. Los encargados de inscribir no solo a los niños, sino a los mapuches adultos, siguieron órdenes de cambiar sus apellidos originarios por otros de ascendencia europea, normalmente españoles. En las escuelas a los niños se les golpeaba si hablaban mapudungún y se instaba al resto de sus compañeros a burlarse de ellos. La negativa a abandonar su lengua, la cual, para el que no lo sabía, es sagrada, fue catalogado por muchos profesionales de la salud como un trastorno mental. Créame, está todo registrado. Cuando pase la pandemia vaya a darse una vuelta por los archivos de la Biblioteca Nacional, vaya a revisar las tesis de doctorado de nuestros historiadores y de los que escriben en el extranjero, escuche los testimonios de la tradición oral que sigue con vida. Le causará más de un escalofrío.


Y disculpe que no lo deje tranquilo, pero esto no solo pertenece a las viejas usanzas del siglo XIX. ¿Le suenan los nombres de Matías Catrileo, Fabián Tralcal, los hermanos Agustina Huenupe y José Mauricio Huenupe, José Gerardo Huenante, Facundo Mendoza Collío, Rodrigo Melinao o José Mauricio Quintriqueo? Conozca sus nombres, ellos y muchos más son nuestros George Floyds. Dese el tiempo de ver y analizar los casos judiciales, las pruebas y las conclusiones a las que llegó la corte y los organismos internacionales. Si ha condenado el racismo contra el pueblo afrodescendiente, por un mínimo de consecuencia dese un tiempo para ellos. La figura del mapuche terrorista invade nuestros sentidos y se asienta en nuestras mentes y corazones. La prensa y el Estado insisten en estas versiones, por más que la evidencia y la historia afirman lo contrario. La Operación Huracán y la Operación Jungla, no son las únicas que han realizado montajes. El año 2017, Carabineros dio a conocer una serie de armas de asalto que habían sido incautadas, supuestamente, de comuneros mapuches a cargo de la formación de guerrillas.

Con bombos y platillos la Operación Tauro enseñó la evidencia frente a la prensa, mostrando, de una vez por todas, la eficacia de nuestra fuerza policial en el combate contra el terrorismo. Escasas fueron las palabras de los medios cuando la justicia dictaminó que las armas habían sido incautadas en Santiago, nada tenían que ver con los comuneros mapuches. Pero no solo eso, varios de los rifles de asalto que se pueden ver en los diarios y canales de televisión no son más que utilería, juguetes recién sacados de sus cajas. Finalmente, la única arma real era una vieja escopeta de caza. Dudo que el Estado vaya ajusticiando con el peso de la Ley de Seguridad del Estado a todo hombre de campo que haya heredado de su abuelo una vieja arma de fuego. Pero para los mapuches, parece que se utiliza un criterio distinto. El pueblo mapuche ha probado en carne propia que la discriminación está hondamente enraizada en nuestras instituciones y utiliza los más diversos discursos y distractores para defenderse. Cuestiónese si creía que el racismo era cosa de un puñado de gringos dementes obsesionados con la bandera confederada.La cosa no es tan fácil.


No, el racismo no es una psicopatología. No podemos ser tan cínicos de dejar caer en el individuo el peso de la discriminación. Los crímenes contra la humanidad que se han cometido tantas veces en la historia, y que se repiten hoy en día por miles, son preparados a fuego lento en las escuelas, en el seno de los hogares, en los discursos públicos y en las grandes instituciones. Son la base con la que forjamos nuestra civilización. Hemos mirado para el lado cuando contamos nuestra historia. Debemos hacernos responsables de la discriminación racial de nuestros fundadores, de nuestros líderes de antaño, de nuestros mal llamados héroes. Continuar glorificándolos es promover el asesinato y el sufrimiento de nuestros pueblos hermanos. No, el racismo no es una psicopatología. No es un problema mental que se aloja en las profundidades desviadas de un enfermo, de esos que podemos acusar con facilidad. Se deben derrumbar las estructuras que sustentan lo que realmente es el racismo, un modus operandi, un aspecto fundamental de la identidad de la mayoría de las naciones occidentales. El racismo habita en el centro de nuestra sociedad, sus códigos y sus paradigmas se han enraizado desde hace siglos. El racismo no es producto de la perversidad de “insignes” personajes, como lo son líderes de varios países. Tampoco lo es de las instituciones que monopolizan el uso y abuso de la fuerza. No, el racismo no es producto de ello, más bien, es su fiel compañero, quien le acompaña, apoya y potencia. Es quien, una vez más, dio la alegría de sentirse superior a quienes se han dado ese derecho, especialmente si es a costa de los cuerpos y de la identidad de los oprimidos. El racismo permite que el perverso se sienta acobijado, es el sistema mediante el cual la crueldad es amparada y justificada. Alimenta a ese pobre, frágil e ignorante ego nacional, con los engaños que quiere oír para sentirse único, civilizado y superior. Aquellos mismos engaños que convenientemente usan como excusa para no poner en cuestión sus privilegios raciales. Para no poner en cuestión la historia que nos contaron desde que éramos pequeños.


No, el racismo no es una psicopatología. Les aseguro que muchas personas sanas caminan por ahí ejerciendo el racismo en acto, habla y pensamiento, al día de hoy. Pensar que el racismo es un problema mental es esconder su verdadera naturaleza. Es desconocer que habita en nuestra sociedad, en nuestros vínculos, en la política, en el sexo, en la religión, en la economía, en los tribunales, en el trabajo y en la educación. El racismo no habita en nuestra mente, somos nosotros los que hemos habitado en el racismo. Las naciones occidentales, las mismas que se jactan de ser países desarrollados, o que aspiran a serlo, se fundaron en los cimientos de la discriminación y explotación de otros pueblos. Ni los avances tecnológicos, ni la producción económica, ni la potencia militar les darán el estatus de civilización. Por mucho que aboguen a su favor, por mucho que digan defenderla, no están más que haciendo gala de su barbarie. Han tecnificado la crueldad y han camuflado su inhumanidad. Han vestido a las naciones de prosperidad y éxito, mientras esconden los siglos opresión que evidencian su irracionalidad. 


Cuando le preguntaron a Margaret Mead, antropóloga norteamericana, a su juicio cual fue el primer signo de civilización, ella respondió que “un femur fracturado y sanado”. Ni la rueda, ni instragram, un hueso sanado. En la naturaleza cualquier animal con una pierna rota tiene sus días contados. No puede cazar, ni escapar de sus depredadores, terminará muriendo de hambre o siendo una presa. La reposición del hueso es un claro indicio de cuidado, de un grupo que se organizó y se puso de acuerdo para satisfacer las necesidades de un tercero, incluso a costa de sacrificar sus propios recursos. Escuche bien, la civilización está en la convivencia. Somos nosotros creando una sociedad que tienda la mano. El resto no es más que el racismo sumido en sus delirios civilizatorios.


Felipe Irureta Henríquez
Firureta@espacioaguadeluz.cl
www.espacioaguadeluz.cl

Tiempo con nuestros hijos: ¿cantidad o calidad?

tiempo de calidad

Cuando hablamos de tiempo con l@s hij@s, es inevitable no pensar en la jornada laboral, escolar, las actividades extra programáticas y obligaciones de todos los integrantes de la familia que en ocasiones no permiten pasar tanto tiempo como uno quisiera. En particular, para las interacciones y vínculo entre padres/madres e hij@s, hablamos de tiempo de calidad por sobre cantidad, pero de que se trata esto precisamente.

Tiempo de calidad refiere a que todas las interacciones que mantengamos con nuestr@s hij@s, a pesar de que sean en tiempos reducidos, sean lo más nutricias posibles, en términos de disponibilidad afectivas de los padres/madres y de lograr responder a las necesidades de l@s niñ@s. Por lo que vemos, no es solo el mero hecho de estar presente físicamente sino que requiere de algunas habilidades parentales más desarrolladas.

Es fácil caer en la tentación de que el tiempo de calidad puede satisfacerse a través de actividades, sin embargo, es importante saber que más que hacer, es sentir. Programar actividades pensadas desde la comodidad del adulto, puede transformarse finalmente en una actividad compulsiva, más que responder a la propia necesidad de niño, por lo que es importante empatizar con lo que el siente y quiere, como también leer nuestra propia capacidad de estar disponible. La idea es lograr equilibrar lo que l@s niñ@s quieren con lo que los padres pueden, así vamos potenciando la toma de decisiones, opiniones y manejo de la frustración, no solo de l@s niñ@s, sino de los padres/madres también. Un muy ejemplo es pensar: Vamos a un parque de diversiones, el cual es muy entretenido, yo como padre podre estar disponible para él, podré acompañarlo, tendré el ánimo suficiente, podremos compartir, etc.

Es importante reconocer “tres enemigos” del tiempo de calidad, en primer lugar, el celular, estar frente a nuestro celular durante las interacciones con l@s niñ@s, finalmente nos aleja ya que solo respondemos a la demanda física pero y ¿a la emocional?, la demanda más importante a responder, si además, tenemos poco tiempo. Segundo, la culpa, son muy propio los sentimientos de culpa asociados al escaso tiempo que los padres/madres pueden pasar junto a sus hij@s y es entendible que eso suceda. Por eso es importante reconocer cuando estamos frente a la culpa ya que ésta puede ser causante de que las interacciones con l@s niñ@s no sean totalmente auténticas y caigamos en el hacer, frenando el objetivo último, de vincularnos nutriciamente. Tercero, lo que le sirve a mi amiga, me sirve a mí; caer en este punto es bastante común, tendemos a pensar que una buena experiencia en otro, lo será para mi también, pero esto no es así, es importante siempre tener como marco de base, que cada niñ@ es único y por ende, sus necesidades también, para un niñ@ “x” dormir con sus padres puede valer como tiempo de calidad y para un niñ@ “y” es que lo acompañen a una actividad.

Para lograr medir de alguna manera si nuestro tiempo de calidad, fue realmente de calidad, es interesante revisar nuestra propia sensación de cómo se desarrolla nuestro día junto a nuestr@s hij@s. Si la sensación es de sentirse abrumado, cansado o insatisfecho, sería relevante revisar y re-plantearnos formas de tiempo de calidad. Si por el contrario, estamos cansados pero nos sentimos satisfechos y emocionados por el día transcurrido, es un buen indicios de que lograste generar espacios y tiempo de calidad con tus hij@s.


Camila Silva Madariaga(@ps_camilasilva) es psicóloga infanto juvenil con diplomado en psicopatología, parentalidad, apego y desarrollo. Terapeuta en Espacio Terapéutico Agua de Luz (@espacioaguadeluz).

Optimistas: ¿cuánto más viven que los pesimistas?

Optimistas: ¿cuánto más viven que los pesimistas?

Desde una revisión de la literatura, definiremos al optimismo como la tendencia a creer que en el futuro ocurrirán resultados favorables o exitosos, mientras que el pesimismo sería la creencia de que ocurrirán resultados desfavorables o negativos.

Los autores hablan de un “optimismo disposicional” para referirse a esa tendencia general de esperar consecuencias o situaciones positivas. Y, se ha comprobado que en personas con dolor crónico, el optimismo disposicional es un factor fundamental para que puedan salir adelante, pudiéndose reportar menores frecuencias e intensidad de síntomas físicos negativos.

Hace un par de meses la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences publicó un estudio que asegura que las personas optimistas viven 15% más que los pesimistas. Una cifra que los investigadores, dicen, tendría que ver con que los optimistas padecen menos estrés y adoptan más comportamientos saludables.

¿Cuál sería la relación entre optimismo disposicional y estrés? La estrategia que utilizamos para enfrentarlo, que en el caso de los optimistas, sería la estrategia de afrontamiento activa. Esta es la que nos ayuda a reinterpretar la situación, planificar soluciones y aumentar la confianza en nuestras capacidades. Esta actitud positiva nos lleva a enfocarnos más en la solución que en el problema, a vivir el presente, a desarrollar la gratitud, a permitirnos ser quienes realmente somos y permitir a los demás ser. Mirarnos desde nuestros recursos y no desde nuestras carencias. Incorporando así, el concepto de “estilo explicativo o atribucional”, que es el modo en que cada uno de nosotros nos explicamos las causas de lo que nos ha sucedido. Esto es es algo que se desarrolla durante la infancia, pero que se puede aprender en la vida adulta.

El optimismo entonces no es sólo la expectativa de estos sucesos positivos en el futuro sino que es un factor complejo de carácter general, que entrelaza el autoconcepto, la capacidad de control, la habilidad para relacionarse con los demás y la motivación.

El optimismo está muy lejos del pensamiento positivo, algo que se puede haber mal entendido con el surgimiento del apogeo de la autoestima, que se ha promovido especialmente en Estados Unidos desde los años 50. El optimismo no desconoce los problemas, sino que les encuentra un sentido.

¿Qué es lo que sí puede marcar una diferencia en nuestra vida? la tendencia optimista a ver y juzgar las cosas en su aspecto más positivo o más favorable. Enfrentar la vida desde este punto de vista, no significa pensar que todo va estar bien siempre, sino que determina que el modo de enfrentarnos a las situaciones difíciles, va a ser pudiendo reconocer el sentido de cada eventualidad y de nosotros mismos.

Es la habilidad de ver en las dificultades de la vida un desafío temporal y limitado, siendo capaces de ver matices y de confiar en nosotros. Esto se traduce en una mayor calidad de vida, más autoconocimiento, mayor creatividad, mejores relaciones sociales, mayor tolerancia al fracaso, más perseverancia y resiliencia.

Y así, ser responsables es nuestro manejo emocional y evitar caer en la apología de la felicidad, comprendiendo que la buena salud no se encuentra tanto en momentos aislados de risa o en sentimientos momentáneos de felicidad, sino que en la autorealización personal y en el desarrollo de nuestras potencialidades y actitudes frente a la vida

La mirada con la que me gusta enfocar mi trabajo con el optimismo, no es promoviéndolo con un fin de que las personas seamos despreocupadas, poco comprometidas con nuestro contexto social, ciegos a lo que está sucediendo en el mundo, y constantes repetidores de afirmaciones. Si no, que es lo contrario: promover el optimismo con foco en la responsabilidad, desarrollando habilidades para ser más capaces de afrontar problemas, tolerar frustraciones y respetar los límites del otro, y siendo conscientes de que el optimismo no es imaginar el escenario perfecto, sino que simplemente ver un escenario y saber que nuestra respuesta intentará ser lo más favorable desde lo que consideramos óptimo para nosotros, como un mecanismo motivador autogestionado que nos inspira a ir por más.

 

Columna del diario La Tercera, día 02/03/2020, escrito por Marianne Kohler, psicóloga, directora y fundadora del Espacio Terapéutico Agua de Luz, click aquí para ver la noticia

 

La muerte del espíritu

la muerte del espiritu

“Dios ha muerto (…), nosotros lo hemos matado”. Un loco había entrado en la plaza preguntando desesperado por el paradero de Dios y ante las risotadas y burlas de la multitud es el mismo loco el que da con la respuesta: “lo hemos asesinado”. 

El extracto ya es ampliamente conocido, proviene de “La gaya ciencia”, aclamada obra del filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Años más tarde en “Así habló Zaratustra”, el loco se preguntaría: “¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros?”. Si, lo es. Somos incapaces de responsabilizarnos por tan atroz acto.

Derrumbamos lo más grande, lo más ominoso que puede habitar en nuestro mundo y lo hicimos sin saber sus consecuencias. Creímos que enaltecería el espíritu humano, pero estábamos equivocados. Sin saberlo lo lamentamos. Sin saberlo, su muerte merma nuestras vidas. Lo matamos a él y a todos los otros dioses. Apenas y quedan rastros de ellos. 

Apagamos el fuego al centro del hogar. Talamos el árbol que presidía en lo alto de la colina. Desproveímos al firmamento de sus estrellas. Pisamos la cabeza de la serpiente que se arrastra por los suelos y apedreamos a las aves que vuelan en el cielo. Contaminamos el agua de la vertiente y desvelamos los secretos de la tierra. 

El espíritu humano quedó sin hermanos que le hicieran compañía, deambulando solo en busca del alimento que le proporcionaban sus semejantes. 

Obcecado buscó a sus compañeros, pero solo se extravió en sí mismo. La locura y la muerte le esperan al espíritu humano frente a la inminente soledad. Gustav Carl Jung, psicólogo e intelectual suizo, no dudó en plantear su preocupación por la muerte de los grandes espíritus que habitan en la mente humana. Estos, que no tienen origen conocido, nacieron antes de la historia. Su origen prehistórico, biológico y salvaje acompañó al humano arcaico desde sus inicios, fundando las bases de una mente que aún tenía mucho de animal. 

Para Jung, éstos eran esenciales para un desarrollo sano y creativo de nuestra psique, eran el rasgo evolutivo que habita desde tiempos inmemoriales, el instinto por crear y acompañarse de lo místico. 

Estos “remanentes arcaicos” o “imágenes primordiales”, a los que Jung llamó “arquetipos”, generan los grandes símbolos que acompañan la cosmología de las culturas. Entregan sentido y dan identidad a una sociedad. Crean los mitos, las leyendas y las historias que le contamos a nuestros niños antes de dormir. Su importancia actúa en muchísimos niveles, pero si de algo debemos preocuparnos es que su presencia permite una profunda conexión con lo más antiguo y natural de la mente humana. 

En palabras del mismo Jung: “El hombre moderno no comprende hasta qué punto su “racionalismo” le ha puesto a merced del “inframundo” psíquico. Se ha librado de la superstición (o así lo cree), pero, mientras tanto, perdió sus valores espirituales hasta un grado positivamente peligroso. Se desintegró su tradición espiritual y moral, y ahora está pagando el precio de esa rotura en desorientación y disociación extendidas por todo el mundo”. 

Expulsar de nuestras vidas a los espíritus, los dioses o los arquetipos, son una misma cosa. Se traduce en el asesinato de la vida espiritual. El trueno y el rayo ya no son las voces de un panteón enojado. El león no es la salvaje representación del sol en la sabana. La serpiente no es la encarnación de la sabiduría. Y el árbol no es el principio vital del ser humano y su pueblo. 

La Modernidad trivializó los símbolos que creamos para dar forma a la magnificencia de lo que consideramos místico. Ahora, el león es Peugeot, el rayo Opel y la serpiente Alpha Romeo. Esas “imágenes primordiales” perdieron su importancia, y con ello, también, buena parte de nuestra profundidad psíquica. Las transformamos en marcas, las capitalizamos y las intercambiamos como si fueran bienes de consumo. 

Los grandes símbolos de la humanidad ahora podemos tenerlos a nuestra disposición, al contado o en cómodas cuotas. Como diría Oscar Wilde: “Hoy en día el hombre conoce el precio de todo y el valor de nada”. Estos “remanentes arcaicos” perdieron todo el sentido que le entregaban a nuestra vida, ahora solo son un sello de distinción o prosperidad económica. 

No es de extrañar que el loco de Nietzsche buscara con tal desesperación el paradero de Dios. No es extraño que tanta gente, hoy en día, también busque desesperada un atisbo de espiritualidad tras la caída del Dios Adámico. Lamentablemente, frente a la desaparición de la mística en los últimos siglos y el consecuente aumento del pragmatismo, los nuevos caminantes de la senda espiritual tienden a dar palos de ciego por doquier. 

La poca profundidad con la que se trata el tema preocupa. Hace falta el apoyo de un contexto social y cultural que permita sostener una cosmología que dé sentido a la espiritualidad. Sin ello, el camino se hace tan individual y solitario como el espíritu humano frente a la caída del resto de sus hermanos. 

La figura del maestro casi ha desaparecido, probablemente fue a buscar los restos olvidados de los antiguos ídolos o se ha escondido temiendo derivar en un charlatán. A falta de guía, buscamos desesperadamente experiencias espirituales, nos hacemos grandes coleccionistas de curiosas prácticas que poco y nada tienen que ver con nosotros mismos. 

Consumimos ayahuasca sin tener ninguna conexión con la selva milenaria, ingerimos peyote sin haber peregrinado por los antiguos desiertos, meditamos sin haber conocido la sabiduría de buddha, dharma o shanga, practicamos yoga sin saber sobre el modo de vida de los yoguis y nos acercamos curiosos al tantra sin la menor idea de los mahasiddhas. 

Como si esto fuera poco, les exigimos resultados inmediatos: “háganme más feliz”, “llévenme a la iluminación”, “permítanme superar el sufrimiento”, “libérenme de mis miedos e inseguridades”, “vuélvanme exitoso”. La senda espiritual no tiene más beneficio ni razón de ser que la necesidad de volcarnos a nuestros aspectos más profundos y vincularnos en natural interdependencia. No hay resultados, no hay nada asible o concreto. Es encuentro, es conexión. 

En última instancia, es fundición y disolución. No se equivoque, el pragmatismo ha podido convivir con la espiritualidad en muchos periodos de la historia, pero en la casa del occidente moderno se transformó en uno de sus asesinos. No es el pragmático, el racional o el lógico el que busca desesperado a Dios, es el loco. Es el loco, el sabio, el maestro, el poeta, el artista, el peregrino. 

Son los que no buscan resultados, pero sí sentido y sabiduría. Pues tal vez sea el momento en que estos personajes deban cambiar de camino. En esta época en la que el planeta se incendia, en el que urge ser sustentables, en que debemos tomar conciencia del ecosistema, podemos volcarnos hacia la tierra. 

Nuestros pueblos originarios la conocían como Ñuke Mapu y Pacha mama. Su espíritu no está del todo muerto, aún habita entre sus fieles seguidores, en las costumbres, la devoción y el cuidado a la naturaleza. 

Quién sabe, vivir en concordancia y conexión con la tierra puede que nos devuelva un poco de todo eso que hemos  perdido, puede que al fin dejemos de buscar inútilmente a Dios donde una y otra vez se nos ha demostrado que no está, como si estuviéramos locos. 



Bendita Negatividad

“Lo más relevante de ese proceso tiene que ver con que como adultos, respetemos su ritmo personal y emociones, los atendamos cariñosamente y acompañemos”

 

 

Bendita Negatividad

La negatividad ha sido satanizada sistemáticamente en estos tiempos de excesiva positividad.

Hemos transformado lo negativo en sinónimo de malo. Con total libertad, ajenos a lo que este

término realmente significa, lo utilizamos como apellido de palabras como emociones, actitud o energías, transformándolo en un adjetivo descalificativo. La idolatría por la positividad lo ha hecho posible, un culto que cada vez se adhiere más a las creencias culturales más profundas de nuestra sociedad. Es por eso que pretendo sacar “lo positivo” de su trono y bendecir a la negatividad.

En sus raíces, los orígenes etimológicos de la palabra, negatividad venía de la palabra latina

“negare”, la cual literalmente significaba “decir NO”. Decir NO como se debe, con toda la fuerza

que trae esa hermosa palabra. El NO pone límites, el NO se rebela, el NO permite que surja el sujeto activo en la pasiva conformidad del continuo y perezoso flujo cotidiano. La potencia de la negación permite que surja la negatividad y la negatividad da paso a cambios. Entiendo que esto sea difícil de entender. Hemos estigmatizado demasiado la negatividad, hemos cambiado su significado y la hemos rebajado casi a la blasfemia. Blasfemia porque hemos transformado la positividad en una creencia, una creencia a la que la palabra NO se opone con un espíritu avasallador. El NO atrae la mala suerte, es una palabra de mal agüero, el simple vocablo nos llena de negación y la negación es la fuerza de la negatividad. Entonces, la censuramos.

Mientras que en la negatividad su fuerza reside en el NO, la positividad, por supuesto, se fortalece

en el SÍ. La positividad se transforma en ideal y se totaliza a través del SÍ. El uso indiscriminado del

SÍ vuelve dictadura a la positividad. Quizás, el mejor ejemplo es el “si quiero, puedo”. Con él reducimos la capacidad humana a un ego hedonista, las posibilidades de nuestro ser y del mundo se rigen bajo nuestro capricho. ¿O acaso no se han fijado en lo parecidas que son las palabras posibilidad y positividad? Tienen la misma raíz etimológica. Si las cosas no resultan, nos limitamos a creer que el deseo no era tan poderoso o que la fuerza de voluntad empleada no fue suficiente.

De esta manera, transformamos el deseo (querer) en capacidad (poder) e inevitablemente en obligación (deber). SÍ quiero, por tanto SÍ puedo y en consecuencia SÍ debo. Por otra parte, la constante positividad genera que continuemos en un fluir pasivo, el SÍ a todo permite que las cosas sigan tal como están, que sigan avanzando. ¿Para qué molestarse? ¿Para qué hacer de esto un problema? Después de todo, si nos dejamos llevar las cosas serán más fáciles. Lamentablemente esto NO es así.

Hay algo fundamental que perdemos cuando la negatividad está en peligro, nuestra vida

contemplativa. La vida contemplativa es la primera en caer cuando la positividad opaca en todo sentido a la negatividad. Ésta, en sus distintas formas, la meditación, la reflexión, la observación o la comprensión, necesitan detenerse. Necesitan un tiempo que no pasa, un tiempo que no sigue, un tiempo dedicado exclusivamente a contemplar. La vida contemplativa es atenta y paciente, ve las cosas y se pregunta, cuestiona, se atribula, se desencaja y vuelve a encontrar su centro. No puede llevar el ritmo de la positividad frenética que se acelera con esa ansiedad tan propia del deseo. Cuando el deseo se vuelve posibilidad y luego obligación, necesitamos de la fuerza de un NO que detenga nuestra mente que salta de posibilidad en posibilidad. Necesita de un BASTA, de un SILENCIO, de un DETENTE. Un detente que se transforma en QUIETUD, y la quietud en un QUÉDATE. Pues quedémonos un rato más, que no pasa nada.

El NO tiene su fuerza y hoy en día es más necesaria que nunca. El SÍ también la tiene, y no

debemos caer en su satanización como lo hicimos con la negatividad. Pero vivir en una dictadura

del SI solo puede llevar a la pasividad y la superficialidad, dos características muy marcadas en la cultura occidental. Últimamente, un poco de NO está rompiendo con eso y retomando el sano equilibrio que deben tener ambas palabras en nuestra vida cotidiana. Y de paso, salvando a la rebeldía y a la vida contemplativa.

 

Por Felipe Irureta

Psicólogo e Instructor de meditación.

Cierre de Año Consciente

“Lo más relevante de ese proceso tiene que ver con que como adultos, respetemos su ritmo personal y emociones, los atendamos cariñosamente y acompañemos”

 

 

Cierre de Año Consciente

Nuestro año se va cerrando para dar inicio a uno nuevo, es un proceso de finales y próximas aperturas y como seres rituales que somos, necesitamos hacer actividades que impliquen un rito de paso, es decir, pasar de una etapa a otra, o de un año a otro, para entregar sentido a lo realizado y planificar lo que viene. En los cierres de año, nos observamos sobre cómo fuimos, las experiencias vividas, los aprendizajes obtenidos, etc., y todo este proceso suele ser bastante abrumador, porque es un momento de autoanálisis, en donde revisamos lo vivido, las metas cumplidas y las expectativas de lo que debió haber sido. Es natural que en estos momentos nos sintamos cansados y estresados, sin embargo, es importante tratar de hacer de estos meses algo más consciente, de manera que de verdad vivamos nuestros procesos. En la vida moderna, hemos hecho del estrés y la ansiedad algo constante, normal y esperado. De hecho, si no lo tenemos, sentimos que no estamos siendo parte del sistema. Hemos hecho de este estado ansioso, el estado natural de nuestro ser, y tenemos que volver a centrarnos y dejar de pensar que ese estado constante de preocupación, es como tenemos que estar. Creemos que nuestro valor se pone en juego si es que no estamos todo el día en la máquina, siendo “eficientes” y ocupados, esto nos desalinea y nos separa de nosotros, convirtiéndonos en hacerse humanos más que en seres humanos. Propongámonos hacer de este cierre de año, un proceso más consciente, de manera que sintamos que estamos viviendo y no solamente sobreviviendo. Lo merecemos. Merecemos nuestra tranquilidad y merecemos conocer nuestro valor más allá del hacer, para también poder saborear al máximo cada momento de nuestras vidas. El estrés, más que controlado, tiene que ser regulado o manejado. Aquí te dejo algunos consejos que te pueden ayuda a hacer de este cierre de año, un proceso más consciente:

– Momentos off: Date cuenta de cuáles son tus momentos en que logras desconectarte 100% y hacer de esos espacios, algo indispensable. Utilizar los fines de semana para descansar, desconectarse de la rutina y limitar el tiempo con el celular o computador. Procura siempre dedicarte un tiempo a ti y a los tuyos.

– Mini espacios de descanso durante el día: darse espacio de descansos durante el día, haciendo respiraciones profundas, conectarse con nuestro cuerpo y el lugar donde estamos, de manera de traer la mente al presente y así darle un espacio entre tanto pensamiento.

– Planificarse, organizarse, aprender a delegar y jerarquizar.

– Integrar hábitos saludables, deporte, aire libre, meditar, etc., Respeta tus horarios de descanso y momentos de ocio.

– Respira: la respiración profunda es fundamental a la hora de controlar el estrés, porque ayuda en la oxigenación del cerebro, reduce la presión arterial y relaja nuestro sistema de alarma.

No dejes que el fin de año sea un periodo que te saque de tu centro, porque te necesita ahí más que nunca. Es importante que entendamos que en estos momentos es cuando se hace más necesario estar conectados, ser conscientes de nuestros pensamientos y acciones y así evitar generar más situaciones de estrés. Hagamos de nosotros mismos, nuestra propia fuente de paz y sintámonos merecedores de nuestra tranquilidad, introduciendo estos tips en la vida y realizando los cambios de hábitos necesarios.

 

Marianne Kohler (@marianne_kohler) es Psicóloga Clínica formada en la visión Humanista Transpersonal y con Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Directora del Espacio Terapéutico Agua de Luz, www.espacioaguadeluz.cl, @espacioaguadeluz / mkohler@espacioaguadeluz.cl



Tiempo de Balance para Nuevos Comienzos

Tiempo de balance para nuevos comienzos

Estamos transitando por el último mes del año y se hace necesario tomar consciencia sobre qué deseamos llevar a un nuevo año de vida y qué decidimos dejar atrás. Aprovechemos esta instancia en donde se cierran ciclos, para regalarnos un tiempo de balance y reflexión, con la oportunidad que se nos regala de diseñar nuestra vida para el año que viene, conectar con nuestro lado creativo y creador, construyendo nuestro camino y siendo protagonistas de esto. Este tiempo es un buen momento también para reparar o enmendar cualquier situación que pueda dejarnos intranquilos, destrabar nudos y rehacer el camino andado, mirando los fines de año como el comienzo de nuevas oportunidades y posibilidades. En este proceso, es necesario ser amables con nosotros y no castigarnos ni culparnos por cualquier meta o situación que no haya salido como esperábamos, hay cosas que dependen de nosotros, pero muchas otras no. Mantengamos la esperanza y démonos la posibilidad para recomenzar todo, tratando de que esta nueva etapa nos acerque aún más a nuestras metas, impulsándonos e inspirándonos con nuestros proyectos venideros del 2019. Estemos atentos a generarnos un espacio de calma, donde podamos estar sin distracciones y así realmente conectarnos para hacer de la creación de nuestros proyectos del otro año, un momento de introspección. Hacer una revisión general del año que se está yendo, te ayuda a conocerte más a ti también, tomando conciencia de patrones negativos, hábitos pocos saludables, círculos viciosos, relaciones que no nos hacen bien, etc., que de manera automática hemos seguido a lo largo del año, y que podemos dejarlos atrás una vez nos hayamos dado cuenta de todo esto, para comenzar desde una nueva perspectiva. Acá te dejo algunas preguntas para ir haciendo este balance de fin de año y poder vivir este ciclo de una manera más presente. Independiente de si son personas, situaciones o hábitos, vale la pena hacerse estas preguntas, para conocer qué es aquello de nuestra vida que nos produce estas emociones y así estemos atentos para el otro año:

¿Qué es lo más te hizo agradecer?

¿Qué es lo que más te dejó sabiduría?

¿Qué es lo que te hizo más fuerte?

¿Qué es lo que te dio más calma?

¿Qué es lo que te hizo sentir más conectada?

¿Qué es lo que te hizo sentir más alejada?

¿Cuáles son los momentos que te dieron más alegría?

¿Cuáles fueron los momentos en que mas amaste y cuándo fue que te sentiste más amada?

Hazte las preguntas que tú quieras, pero no aquellas que te hagan dar más vuelta sobre asuntos o que sólo te llevarán a un excesivo análisis, mejor es hacerse preguntas que nos hagan conectarnos con nuestras emociones y sensaciones, mientras vamos tomando consciencia de todo lo que rodeaba esa emoción. Una vez hecho esto, podemos ver qué queremos para el próximo año, como nos queremos sentir y qué tenemos que hacer para poder darnos lo que nos hace bien.

“Ser creativo en tus realizaciones significa confiar en tus propios propósitos y adoptar una actitud de intención resoluta en tus pensamientos y tus actividades, todos tus días, en cada acto y con la mayor consciencia e intención positiva.”

 

 

Marianne Kohler (@marianne_kohler) es Psicóloga Clínica formada en la visión Humanista Transpersonal y con Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Directora del Espacio Terapéutico Agua de Luz, www.espacioaguadeluz.cl, @espacioaguadeluz / mkohler@espacioaguadeluz.cl

Cuando No Somos Equipo

Cuando No Somos Equipo

Cuando pensamos en las relaciones humanas en seguida se percibe lo difícil que es entenderlas, cada persona va determinando su forma de relacionarse según cómo fue tratado de niño, como han sido sus experiencias a lo largo de los años y que tanto a logrado hacer consciente ciertas dinámicas que a veces no favorecen.

Cuando decidimos formar una familia, del tipo que sea, siempre existe el encuentro de estas variables. En ocasiones este encuentro es complementario y se forma la llamada “constelación parental” que logra desarrollar estilos de crianza positivos basados en buenos tratos y donde prima el afecto. Pero en otras, no logra desarrollarse así y es aquí cuando vemos a familias que no establecen una armonía o clima familiar en pos del desarrollo de sus hijos.

Importante destacar que esto no quiere decir que no exista amor sino que los dinámicas que la pareja trae anterior a formar el sistema familiar, impactan en la forma de vincularse entre ellos y con los niños. En este estilo de familia, se tienden a normalizar los gritos, los insultos, las faltas de respeto, existen límites poco claros y en general los niños son espectadores de las peleas de los padres.

¿Cómo afecta esto a los niños?, al ser espectadores y también participantes de estos estilos de relación, es probable que los niveles de ansiedad y angustia se incrementen, se generen relaciones difíciles con pares y sean niños más inseguros. Sienten miedo constantemente al quiebre sentimental entre los padres, generando fantasías sobre el futuro. Los padres al estar poco conectados con las necesidades de los hijos y más puestos en sus problemas de pareja, no logran comprender el impacto emocional en los niños por lo que se sorprenden ante ciertas conductas que ellos puedan desarrollar como, molestar a compañeros en el colegio, mostrarse retraído ante las interacciones sociales, altos montos de angustia ante situaciones de exámenes, entre otros.

Es una realidad un poco invisible y difícil de aceptar para quienes lo viven ya que produce vergüenza y miedo de ser juzgados, por lo que la idea de esta columna es que busquemos soluciones. Si determinas que alguna de estas características ocurren en tus dinámicas familiares, presta atención a las siguientes claves para profundizar y tomar acciones:

1.- Somos padres y pareja por separado: Entender que se pueden tener problemas de pareja y no mezclarlo con el rol de padres permite ser mucho más asertivo a la hora de atender las necesidades de los niños y observar con perspectiva si es que existen dificultades.

2.- Alienación parental: El hablar mal del otro padre influenciando el pensamiento del niño es considerado una vulneración grave de derechos. No normalicemos estas situaciones.

3.- Que los niños sepan todo: Cada etapa de la vida tiene su finalidad, involucrar a los niños en los problemas de pareja influye en sus bienestar emocional, cuidemos ese espacio y no los expongamos a tal. Su salud mental esta en desarrollo.

4.- Los niños no son intermediarios entre los padres: Los problemas de adultos, son entre adultos, el involucrar a los niños en los problemas de pareja no genera ningún beneficio, si no que por el contrario promueve la ansiedad y angustia.

5.- Cuando ya no podemos más: Si las peleas son persistentes y la tolerancia es muy baja, es hora de tomar cartas en el asunto, asistir a terapia de pareja no es mala idea en estos casos y pude ser el promotor de trabajar ciertas heridas que se arrastran desde la niñez y que están influyendo en las dinámicas actuales.

Cuando determinamos que los conflictos relacionales son persistentes y que los niños no están creciendo en un clima positivo, es hora de preguntarse si la decisión de separarse será más beneficiosa para los miembros de la familia. Es probable que las dinámicas que se lleven a cabo por separado sean mucho más provechosas y nutricias para el desarrollo de los niños e impacten, significativamente que continuar con una pareja que no logra llevarse bien y que está trasmitiendo estilos de malos tratos; cortar con estos ciclos es un acto de amor profundo hacía tus hijos.

 

Por: Camila Silva Madariaga (@espacioaguadeluz) Psicóloga infanto juvenil con diplomado en psicopatología del niño y el adolescente. Actualmente cursa diplomado relativo a Parentalidad, Apego y Desarrollo. En la actualidad se desempeña como psicoterapeuta en Espacio Terapéutico Agua de Luz.

Niños sobreestimulados: Los riesgos ocultos

Niños sobreestimulados: Los riesgos ocultos

Un tema muy en boga durante los últimos años tiene que ver con la estimulación temprana de bebés y niños. Pero, ¿por qué tanta importancia por la estimulación? Bueno, ya que desde la visión actual, más ligada a lo competitivo, se entiende que un niño “muy estimulado” es “más inteligente” que otro, que no lo esté; por ende, más preparado para la vida.

¿Esto será así? En términos generales, hablamos de estimulación temprana cuando  buscamos potenciar habilidades motoras, de lenguaje, cognitivas y socio-emocionales, buscando que se desarrollen en su máximo potencial. “Su” máximo potencial, no el de otro niño, no es comparable. Esto, se propone desde los más revolucionarios descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro, donde se observa que los niños desde que nacen hasta los 6 años de edad, presentan períodos sensibles o ventanas de oportunidades que les permiten aprender de una manera más rápida y fácil. Desde esta perspectiva, el estimular al niño a través de diferentes actividades, implementación de juguetes, sonidos, música, lecturas, etc; es muy positivo para la nutrición cerebral, pero se vuelve un riesgo, cuando el objetivo es sobre-estimular. 

Cuando los padres pierden el horizonte y desde que el niño nace, buscan estimular a través de todos los medios, se producen interferencias en varios ámbitos y consecuencias que no son perceptibles de inmediato, como aumento de la irritabilidad, conductas erráticas, llanto excesivo, desconfianza de los adultos que lo rodean, baja tolerancia a la frustración, sentimientos de competitividad a corta edad, desinterés por actividades que anteriormente le producen satisfacción, como muchas otras más. Al desencadenar estos síntomas es donde los padres se preguntan si fue positivo esta estimulación. 

A continuación te propongo algunas ideas para que logres estimular a tu hijo, sin la necesidad de que existan expectativas poco realistas que puedan interferir en su desarrollo.

1.- Respetar los ritmos: Cada niño es distinto, por ende, no puedes poner como parámetro al hermano, amigo, sobrino; sus desarrollos avanzaran por caminos distintos según varios factores, que se escapan del mero hecho de estimular. 

2.- Internet es un arma de doble filo: Si bien en la web encontramos material muy positivo, también existe información que hace confundir los límites y podemos caer en la sobre-estimulación. Nos podemos orientar por las experiencias de otros pero no son determinantes. 

3.- Ojo con las actividades extra-escolares: En general son positivas las actividades que están fuera de lo académico, sin embargo, es necesario que éstas sean en base a las necesidades/intereses de tus hijos. Como para ti puede ser buena idea incorporarlo a una clase de idiomas, para él puede serlo el incorporarse a una clase de baile. Respetemos esa decisión.

4.- Conectar: El indicador más importante a la hora de elegir qué camino es más provechoso para los niños, es el conectar con ellos, con sus necesidades, con lo que buscan y esperan; los ayuda en que ellos se conozcan así mismos. No olvidar que parte de las habilidades a estimular, también son emocionales y no solo cognitivas como se creía antiguamente.

5.- ¿Qué jardín/colegio me gusta más?: Cuando llega la hora de escoger el lugar de estudios de los niños se abren muchas variables, dentro de las cuales, el tema de rendimiento académico en general es preponderante previo a otro factor. Aquí la decisión debería responder a ¿qué colegio/jardín necesita mi hijo?, la idea es buscarlo en base a sus necesidades y no la de los padres. A ti te puede interesar que sea un matemático que hable 2 idiomas, pero quizás tu hijo tiene más aptitudes para el arte y la música. 

Si bien, es fácil caer en las exigencias, ya que vemos a los niños con tantas ganas y potencial para el aprendizaje, se debe ser cauto, ya que en la infancia se van formando los cimientos que nos acompañan para toda la vida, las exigencias, las obligaciones y lo esteriotipado puede esperar. Mientras se sea niño, hay que descubrir el mundo de múltiples maneras, no olvidar que dentro de esta exploración se forma el mundo afectivo, que es un área muy importante para desenvolvernos, por sobre en ocasiones, que lo cognitivo.

 

Por: Camila Silva Madariaga psicóloga infanto juvenil con diplomado en psicopatología del niño y el adolescente. Actualmente cursa diplomado en Parentalidad, Apego y Desarrollo. Terapeuta en Espacio Terapéutico Agua de Luz

 

Vivir según mi verdad

El derecho a cambiar de opinión es un nuevo derecho

 

Vivir según mi verdad

En las tendencias de los últimos tiempos, se han abierto muchos temas de discusión que antes eran impensados: la relación con la maternidad, las diferentes formas de alimentación, las nuevas formas de trabajar  y generar recursos, etc., esto ha hecho que como sociedad podamos abrirnos a otras maneras de pensar, lo que implica dejar atrás y soltar lo que creíamos que era, para poder mirarlo de una manera distinta. Estos procesos, en su mayoría, nos llevan a la unión con los demás, a disminuir las brechas de discriminación y a respetar la individualidad de cada uno, es como el mundo va avanzando y genera que podamos ser más libres en nuestros pensamientos y decisiones, habiendo más espacio para lo que cada uno es. Es importante que en este proceso, podamos tener la libertad última de realmente resonar con lo que somos, más allá de lo que socialmente esté ocurriendo o se esté esperando de nuestra conducta.  

 

Tenemos el derecho a estar a favor de los fenómenos que surgen y también a cuestionar. La sociedad en general, siempre nos invita a ser distinto de lo que somos, con un tinte de que es mejor y que eso es lo correcto. Evidentemente, son mejores todos los cambios y avances que hacen que podamos estar más conectados con el otro, con más puntos de encuentro, pero también es importante preguntarse cuánto de esto es verdad para mí y cuánto no, para que no sea de nuevo lo que la sociedad nos dicta, sino que lo que es realmente resuena conmigo. Esta verdad, sin embargo, no es última ni estática, puede re-definirse cada vez que nosotros necesitemos, a medida que vamos teniendo nuevas experiencias, que vamos creciendo y  avanzando, como plantea Humberto Maturana, el derecho a cambiar de opinión es un nuevo derecho. Lo importante es nuestro autoconocimiento, para poder ser realmente quienes somos, rompiendo patrones de conducta que tenemos establecidos y que no nos permiten avanzar, hábitos que van en contra de lo que queremos manifestar y estilos de vida que no ayudan a sentirnos mejor.

 

A veces, la invitación puede ser a que queramos algo distinto de lo que realmente queremos y ese proceso de poder decir que no, es un proceso liberador para nosotros, sin que nos haga duda de quiénes somos. Con esto, también se hace importante no solo la expresión sino que también en la recepción del mensaje. Es fundamental que permitamos la expresión de la individualidad del otro, aunque no sea lo que yo espero de él o que su verdad no sea la que yo creo que es mejor, sin ser objeto de nuestro desprecio o cuestionamiento. Mejoraremos las relaciones entre nosotros y avanzaremos como sociedad, a medida que cada individuo vaya encontrando su propia verdad, aprendiendo a vivir según ella, permitiéndose ir más allá de lo socialmente establecido. Uno de los aporte que podemos hacer a al mundo es poder estar alineados con nuestra esencia, y convertirnos en personas que nos permitimos ser y pensar desde lo mejor de nosotros. A veces mi verdad, está muy lejos de ser lo que familiar y socialmente se espera de mí y eso está muy bien también.

 

Ps. Marianne Kohler Rodríguez

Bienestar en las salas de espera

“Las salas de espera anuncian y declaran desde que pones el primer pie en el lugar, el tipo de experiencia que vas a tener.” 

Bienestar en la sala de espera

Edificio gigante, puerta que se abre, cara de incertidumbre y preocupación, caminata dubitativa, mirada hacia todos lados en busca de señalética, un guardia o ventanilla a la vista, preguntas llenas de confusión, respuestas poco claras; son las situaciones que me ha tocado ver a la hora de estar presente en las salas de espera. Recuerdo un día entrando al lugar de mi práctica profesional, ver a un amigo a lo lejos observando, me acerco a preguntar que hacía en el hospital y me comenta que estaba haciendo una observación para un ramo de la universidad. Yo me encontraba con tiempo así que decidí sentarme a su lado a compartir la experiencia. Recuerdo patente estar rodeada de personas en donde además del malestar físico provocado por el cáncer, compartían una misma expresión: desagrado y ansiedad. Fue entonces cuando volqué mi atención al espacio, a pesar de estar en mejores condiciones que muchos otros, este era pequeño, faltaban sillas, algunas estaban manchadas, box por todos lados con poca o nula información y un guardia haciendo de capitán de navío, intentando dirigir a todos quienes entraban para poder dar la mejor atención posible…parecía malabarista moviéndolo todo.

Me pregunté por el problema, y me di cuenta que el proceso de hospitalización es categóricamente desagradable. Las salas de espera anuncian y declaran desde que pones el primer pie en el lugar, el tipo de experiencia que vas a tener. Es ahí, desde lo experiencial, donde uno se pregunta si las instituciones de salud realmente están cumpliendo la función por la cual fueron creadas.

Juntando mi experiencia de espectadora más los estudios realizados sobre el tema, reflexiono sobre cómo nosotros los profesionales de salud, y más allá de eso, la cadena de personas responsables de pensar y diseñar estos espacios, nos hacemos cargo de lo que manifiestan, y de lo que generan a nivel emocional y logístico. Creo importante cuestionarnos el tipo de servicio que brindamos a la gente, desde que ingresan a estas instituciones hasta el momento en el que se despiden de ellas.

 

Ps. Aurora Salinas Vidal

El origen de la masculinidad

“La figura masculina que nos legaron no es la del filósofo griego o el senador romano, es la del héroe. Por su parte, si nos remitimos al antiguo testamento, la figura masculina más relevante es la del patriarca.”

 

 

El origen de la masculinidad

No es fácil encontrar el origen de la masculinidad. Y menos en un formato como el que les presento. Varias tesis podrían escribirse sobre este tema, esgrimiendo los múltiples significados que podemos entregarle a esta palabra o buscando su inicio histórico. Por esta vez, me contentaré en  presentarles lo que a mi parecer son los grandes personajes que sirven como fundamentos de la masculinidad en la sociedad occidental. Existen dos grandes tradiciones que se han consolidado como pilares de la cultura europea occidental: el mundo greco-romano y el mundo hebreo. Entre ellas se han ido estrechando a través de los siglos para formar lo que hoy en día consideramos como la cultura dominante en esta región del planeta. Podríamos decir que los griegos y los romanos nos legaron su organización política, jurídica  y militar, su forma de razonar, su filosofía, su arte; en resumen, las grandes estructuras que moldean la vida pública. Mientras tanto, mediante la religión -el judaísmo y las diversas formas de cristianismo- el mundo hebreo nos legó la espiritualidad monoteísta, su ética y su moral, su modelo de familia, entre otros. El impacto que han tenido estos pueblos a través de la historia no debe ser menospreciado. Sería sumamente ingenuo creer que, a pesar de los siglos que han pasado y de los cambios que han sufrido, los pueblos modernos no estén profundamente influenciados por ellos, más aún, construidos a partir de ellos.  Esto, por supuesto, incluye el ideal de masculinidad que hemos heredado.

Difícilmente el lector podrá acercarse a las grandes leyendas griegas sin toparse con la figura del héroe.  Aquel joven que, armado con la venia de los dioses, desafía grandes retos para los héroes helénicos, es Heracles. Fuerza, resistencia, juventud, ingenio, habilidad en combate, virilidad; Heracles las tenía todas. Las doce tareas que debía cualcanzar la gloria. Luchar en Toya para Aquiles, matar a la Medusa para Perseo, bajar al inframundo para Orfeo; todas grandes proezas. Pero el más importante de todos, el que llega a la cima entre mplir han sido una metáfora para muchos propósitos, entre ellos, la capacidad del hombre ideal para sobreponerse a cualquier cosa. El uso de los talentos para, incluso, superar a los dioses. La figura masculina que nos legaron no es la del filósofo griego o el senador romano, es la del héroe. Por su parte, si nos remitimos al antiguo testamento, la figura masculina más relevante es la del patriarca. En el mundo hebreo el patriarca es sinónimo de poder, quien tiene el control de la familia, de la tierra, de la ley. Es él quien da a conocer los designios de Dios, pues desciende de Abraham. La promesa divina de la tierra, de la descendencia y de la abundancia son su destino, y debe actuar en consecuencia. Jacob, el padre de las doce tribus de Israel, quien hizo para si el acuerdo de sus ancestros con Yahvé al  desplazar a su hermano Essaú, marido y dueño de cuatro esposas, es probablemente uno de los mejores ejemplos para graficar los ideales de masculinidad del hombre hebreo. Querido por su dios, amo y señor de sus mujeres, hijos y sirvientes, heredero de la tierra y de todas sus bondades ¿a qué hombre no le gustaría?

Hay muchas cosas en común entre Heracles y Jacob, pero creo que es de vital importancia remarcar que ambos son aquellos personajes masculinos que sostienen el poder, que hacen al hombre alguien poderoso, solo por el hecho de ser hombres y es por eso que como sociedad los hemos instalado como los hombres que queremos  y debemos ser, amar y desear… hasta ahora.

 

Ps. Felipe Irureta.

El primer gran desafío de los niños: La crisis de la entrada al sistema escolar

“Lo más relevante de ese proceso tiene que ver con que como adultos, respetemos su ritmo personal y emociones, los atendamos cariñosamente y acompañemos”

 

 

El primer gran desafío de los niños

Uno de los grandes hitos en la niñez, se asocia a la entrada al mundo escolar, ese proceso necesario que todos hemos vivenciado, donde el niño se separa por primera vez de sus figuras de confianza por varias horas. Al ser un importante hito, debemos entenderlo como una crisis, la cual desde la teoría de E. Erickson (1995) se entiende como cualquier evento que nos hace pasar de un estadio a otro de manera progresiva, el cual puede desarrollarse sin dificultades o  en su defecto, generar un impacto, que provoque patología.

En la actualidad, es poco probable que nuestros hijos no hayan pasado por el jardín infantil, anterior a su ingreso al colegio, por lo cual, estamos más preparados para enfrentar este desafío y así  “enfrentar la crisis”.

 

Cuando los niños ingresan al mundo escolar, se empieza a desarrollar un proceso de adaptación, el cual no podemos predecir, ni determinar su duración, por lo cual debemos estar tranquilos y atentos, para poder responder asertivamente a las demandas exigidas por nuestros hijos. A continuación, algunos tips para que entendamos este proceso:

 

– Cómo es la primera separación real y extensa entre el niño y sus padres, es normal sentir ansiedad, por lo que la invitación es a estar tranquilo, ya que en medida lo estés, tu hijo también se va a sentir más acompañado en este proceso.

 

– Para los niños que asisten por primera vez, es normal que su ansiedad y angustia, se exprese a través del llanto o pataletas previas al ingreso, o que incluso se aferren a su figura de confianza para que no lo dejen.

 

– Pueden aparecer síntomas físicos, como dolor de guatita, cabeza y nauseas, incluso, dificultades para conciliar el sueño. Debemos entender que es otra forma de nuestros hijos de expresar su ansiedad.

 

– Debemos entregar seguridad, favorecer en nuestro hijos, el tránsito de emociones de estrés propias de las crisis, a espacios de calma, que potencian su adaptación de manera fluida.

 

– Cada niño es un mundo y puede expresar sus emociones de maneras distintas, lo esperable es que en relación a su edad, los síntomas descritos desciendan cuando la rutina se les haga propia (pueden ser días o un par de semanas) y así, se vayan sintiendo seguros de este nuevo espacio. Debemos entender que ellos, no comprenden de manera inmediata  que esta “Separación” no es permanente, y esto tiene que ver con su nivel de desarrollo cognitivo.

 

Lo más relevante de ese proceso tiene que ver con que como adultos, respetemos su ritmo personal y emociones, los atendamos cariñosamente y acompañemos, además no tengamos miedo de entregarles información respecto a este nuevo espacio, ayudemos a nuestro hijo a dialogar y expresar sus necesidades, no debemos olvidarnos, que también fuimos niños y vivimos esta experiencia.

 

Ps. Camila Silva.

Emocionalidad masculina

“Y es que si bien el ideal moderno erigió al hombre como una figura racional y resiliente, una figura que puede contra todos los embistes de la naturaleza y de lo humano, mostrando las grandes fortalezas del que todo lo puede, la realidad es que nos ha disminuido en sensibilidad, afecto y cercanía”

Emocionalidad masculina

Durante mucho tiempo la emocionalidad masculina fue un Tabú. El advenimiento de algunas corrientes psicológicas, el progreso de los movimientos feministas y el coraje de algunos hombres que se permitieron incursionar en otras formas de vivir la masculinidad, han dado paso a que hoy en día seamos más y más los que queramos que nuestra masculinidad nos nutra, en vez de enflaquecernos. Y es que si bien el ideal moderno erigió al hombre como una figura racional y resiliente, una figura que puede contra todos los embistes de la naturaleza y de lo humano, mostrando las grandes fortalezas del que todo lo puede, la realidad es que nos ha disminuido en sensibilidad, afecto y cercanía. A lo largo de la historia las filosofías  y paradigmas hegemónicos han sido sumamente ingenuos respecto de la naturaleza del hombre. Escribo hombre con minúscula, puesto que no hablo del “Hombre” que ha enarbolado la tradición occidental, sino que del hombre de a pie, el hombre que se frustra, el hombre que se pierde y se confunde, el hombre que por más que trata no logra ser “El Hombre”. Poco de humano tiene “El Hombre”, poco de mamífero, poco de animal, poco de real. Someter nuestra vida emocional a los arbitrios de un imaginario como este, que por lo demás está cada vez más obsoleto y desprestigiado, solo puede hacernos sufrir.

 

Hace unos meses comencé a leerme un libro titulado “Al encuentro del padre”, del psiquiatra y terapeuta norteamericano, Samuel Osherson. En su obra, Osherson relata su experiencia con pacientes del género masculino y los estragos que les ha causado sostener la figura del “Hombre”. Cómo estos hombres, a pesar de haber obtenido un éxito social y económico envidiable para muchos, sienten un profundo vacío emocional. Muchos de ellos se sienten como unos extraños en sus hogares; se sienten distantes de sus hijos, a pesar del cariño que mutuamente se tienen; les cuesta entender a sus parejas, a pesar del tiempo que le dedicaban a la comunicación en la relación; y consideraban que sus amistades eran superficiales y poco satisfactorias, por el contrario, parecían una constante competencia por quien era más “Hombre”. En nuestra cultura, los hombres hemos ido olvidando cómo sostenernos emocionalmente. Cómo sostenernos frente al miedo, la vergüenza, la angustia o la tristeza. Nos permitimos estar felices, enojados o tranquilos, los sentimientos que reafirman la figura del “Hombre” o la defienden, pero cuando nos encontramos con emociones que entran en conflicto con esta mentira que hemos enraizado tan profundamente en nuestro ser, no sabemos qué hacer. Muchos hombres, frente a la discapacidad sentimental de sus pares, recurren a mujeres que puedan consolarlos, que puedan ser sus pilares emocionales. Pasan de confiar en sus madres, a sus hermanas o amigas, de ellas a sus pololas o esposas; pero a pesar de la enorme ayuda que estas compañeras puedan brindarnos, somos muchos los que necesitamos que otros hombres nos ayuden y nos enseñen a vivir estos sentimientos tan conflictivos. Un ridículo miedo a la homosexualidad, una profunda vergüenza sostenida por la nociva competencia entre nosotros, nos impiden que hombres puedan ser Maestros de otros hombres.

 

Esto es un llamado a tomar conciencia de lo ridículo del daño que nos hacemos entre nosotros; una invitación a abrirnos a vivir la masculinidad de forma más humana; y auténtica y un llamado a formarnos como maestros de los hombres que la figura del “Hombre”, les es insoportable.

 

Ps. Felipe Irureta.

Cuerpo y fatalidad

Cuerpo y fatalidad

“Fatalidad”. La palabra escrita por el arcediano JeanClaude Frollo, en las paredes dela catedral, en la novela de Víctor Hugo:Notre-Dame de París. Y es que con esta palabra sobre su cabeza, encerrado en su estudio, durante horas repasaba las investigaciones de los alquimistas que le precedieron, convencido que, tras haber estudiado todas las otras ramas del conocimiento, esta le podría dar acceso a la Verdad. No es casualidad que la alquimia sea esa doctrina que, en una mezcla de la magia y la química, pretendía transformar lo sucio y lo mundano, en cosas valiosas, puras y extraordinarias. Sin lugar a dudas una metáfora de los intentos de Frollo por transmutar su “Fatalidad”, una gitana de 16 años de la cual se había enamorado. El arcediano no era ajeno al amor, su relación con Dios y criar a su hermano Jehan y al sordo de Quasimodo, le habían dado la experiencia de volcar su espíritu hacia otros. Pero la gitana Esmeralda era distinta, era amor romántico, erótico y sensual, que despierta y alerta cada parte de su cuerpo, era amor hacia lo prohibido, lo carnal y lo pagano, lo marginal, libre del yugo eclesiástico y monárquico. Horas pasaba tratando de transformar esos sentimientos, pensamientos y sensaciones que le invadían, que le susurraban incesantemente al oído que su cuerpo era tan humano como el del resto de los habitantes que aborrecía de París. Perdido en sus estudios pensaba que encontraría esa Verdad, la transmutación de lo sucio en lo sublime, lo que le liberaría de la “Fatalidad”. Todo en vano.

La novela de Víctor Hugo se establece como un clásico de la literatura porque, a pesar de los años que han pasado desde que la escribió, muchas de las problemáticas sociales y psicológicas siguen estando vigentes. El cuerpo es un tema crucial en psicología e indispensable si queremos establecer un camino de autodescubrimiento. Uno de los grandes errores que comete Jean Claude Frollo es ignorar su cuerpo, la Verdad más palpable a la que tenía acceso. Y es que su enamoramiento se le hace presente en todo momento, no le deja pensar ni dormir, entrando de modo intrusivo contra la afrenta represiva del arcediano, mostrándole una cara muy real de sí mismo: el amor y el deseo. El cuerpo se hace realidad, el cuerpo se hace presente y se impone frente a las creencias y valores abstractos, no hay nada más real que la sensación viva que mueve y da sentido, pero que ante la falta de aceptación se transforma en neurosis.

La neurosis es una realidad en nuestros días. Todos vivimos nuestro cuerpo, en él se instala, se desempeña y se desarrolla nuestro ser. Más sencillo y más complejo que cualquier pensamiento abstracto, que idea o relato identitario; el cuerpo viene primero. Negarlo es un paso claro hacia la neurosis y otras muchas formas de sufrimiento. Las crisis de pánico, los cuadros ansiosos, los trastornos alimentarios, el estrés crónico, por nombrar solo algunos de los muchísimos padeceres que vivimos los chilenos hoy en día, son una muestra sobre cómo vivimos un cuerpo falso, un cuerpo negado. Y es que mientras en la edad media tenían sus estándares valóricos y morales que hacían del cuerpo una “Fatalidad”, en nuestra época también hemos encontrado la forma de hacer lo propio a través de exitismos sobreimpuestos, la ilusión de la inmediatez y la mentirosa publicidad. Es importante que, si es que queremos tener una sociedad más sana mentalmente, le entreguemos al cuerpo un lugar de autenticidad, en vez de condenarlo a ser nuestra “Fatalidad”.

 

Ps. Felipe Irureta

Cómo cultivar tu paz interior en el día a día

Paz Interior

La sensación de que estamos desenfocadas, abrumadas, lejos de nosotras mismas, de que las cosas van de mal en peor… Pausa. Respira. Cerremos los ojos por un momento. ¿Puedes notar lo lejos que estás de ti? Sabemos que tenemos algo en nuestro interior, pero parece que cada vez son menos los momentos en que lo logramos sentir, apreciar y disfrutar. Vuelve!! Es nuestro centro, aquello que tenemos ahí dentro de nosotras que actúa como nuestra brújula y es nuestra paz interior. Es al lugar donde vamos cuando cerramos los ojos, cuando nos conectamos con nuestra intuición y cuando soñamos. Es nuestro hogar, aquél lugar donde nace la belleza interna, el lugar donde se gesta nuestra felicidad. Principalmente, porque el bienestar viene desde ese lugar, no del exterior. Somos felices por lo que somos, no por lo que tenemos. ¿Recuerdas cuándo decíamos que es de adentro hacia fuera? Este centro es nuestro adentro y debemos partir por volver ahí. La invitación es a conectarnos con nuestra capacidad de desarrollar nuestro bienestar para poder brillar en nuestro exterior. Martin Seligman, Director del Departamento de Psicología de la Universidad de Pensilvania y denominado “Padre de la Psicología Positiva”, en el año 2002 propuso lo que denominó la “Teoría de la auténtica felicidad”. En 2011, en su nuevo libro “Flourish” (Florecer), Seligman reformula sus ideas sobre psicología positiva y propone una nueva “Teoría del bienestar”, en donde se plantea que cada persona es responsable de su propio bienestar y felicidad (Y sí, eso implica hacer un esfuerzo y salir de la zona de confort).

Acá, te damos algunos tips que puedes hacer en el día a día para cultivarte:

– Date momentos en off: apaga el celular (pc, tablets, etc.,) y desconéctate unos minutos antes de dormir. Si no puedes apagarlo toda la noche, entonces regálate un momento al día de apagarlo mientras te dedicas 100% a otra cosa.

– Amigos: la presencia de tus buenos amigos es medicina para el alma. Si no puedes verlos, exprésales tu amor a través de algún mensaje con una palabra de cariño.

– Haz la buena acción del día: Todos los días, proponte hacer una buena acción. No sólo traerá dicha a quien recibe el gesto, sino que también a quien lo da.

– Cualquier actividad rutinaria que tengas que hacer, acompáñala de buena música y aroma que haga expandir tus sentidos.

– Regálate el momento de introspección antes de dormir: meditar, orar, reflexionar, agradecer o simplemente, estar unos minutos en silencio con los ojos cerrados.

La felicidad en la simpleza, la felicidad en los momentos del día a día. Después de todo y aunque vivamos contratiempos o situaciones adversas, siempre podemos hacer algo para invertir en nosotras. Buscar estas instancias para ti, hace la diferencia.

 

Marianne Kohler es Psicóloga Clínica formada en la visión Humanista Transpersonal y con Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Diplomada en Terapia Floral y Reiki. Facilitadora de Talleres para el manejo de ansiedad, Mindfulness y Meditación. Creadora del Espacio Terapéutico Agua de Luz donde brinda atención a sus pacientes.

Quiero expresar lo que siento: Aprende a desarrollar la Asertividad

Asertividad

Al momento de comunicarnos y de querer expresar cómo nos sentimos respecto a una determinada situación, a veces las personas tomamos muchos caminos distintos en vez de justamente, comunicarnos. En ocasiones, decidimos callar y guardarnos ese sentimiento, es decir, tomar una actitud más pasiva, lo que muchas veces hace que explotemos “de la nada” y frente a estímulos que no justifican tal reacción. En otras situaciones, por el contrario, decimos todo lo que pensamos y sentimos sin pasarlo por el filtro del racionamiento, lo que puede hacer que digamos más de la cuenta, ocupemos un lenguaje equivocado y poco cuidadoso, y terminemos hiriendo a otras personas, esta es una actitud más agresiva. En cualquiera de los dos casos, no estamos siendo asertivos ya que ninguno de estos caminos nos ayudan a cumplir con lo que queremos: poder comunicarle al otro lo que pensamos y sentimos de buena manera y así poder llegar a algún acuerdo que satisfaga ambas partes. La asertividad se define entonces como la habilidad para ser claros y directos diciendo lo que queremos decir, sin necesidad de atacar u herir a la persona involucrada ni menospreciar el valor de los demás. Es una habilidad social que se considera como un continuo, en donde en el centro se ubica la asertividad y en los extremos está la pasividad y en el otro, la agresividad. Las personas asertivas tienen claro su valor, saben lo que quieren y están seguras de sí mismas, en esa misma medida, tienen una autoestima y autoconfianza sanas, que hacen que puedan establecer una comunicación clara y directa con los otros. Esta habilidad requiere respeto al ser puesta en práctica, respeto por uno mismo al defender los derechos como persona y respeto por los demás, porque ser asertivo es justamente cuidar el valor del otro tanto como el mío. Ser asertivo requiere la existencia de otras habilidades, como la integridad, honestidad y coherencia. Es una habilidad social útil para la comunicación que se traduce en la capacidad de decir lo que se piensa sin herir los sentimientos de los demás, defendiendo tus derechos, expresando las opiniones y realizando sugerencias de forma honesta, sin caer en la agresividad o la pasividad, respetando a los demás pero sobretodo, respetando nuestra propias necesidades.

La asertividad es potencialmente desarrollable en todas las personas y se puede aprender en cualquier contexto. Con solamente proponértelo y llevarlo a la práctica, ya puedes empezar a ser una persona más asertiva. Aquí, 3 ideas para tener en mente y poder desarrollar esta habilidad:

  1. Sé consciente y honesto con lo que piensas y sientes, no te autoengañes. Valida tu sentir, el sentir del otro y proponte expresarle eso a los demás.
  2. Comprender que los demás no pueden leerte la mente y que solamente tú puedes decirles lo que realmente necesitas. Para que el mensaje llegue claro, también debes tú mismo conocerte.
  3. Sé siempre lo más concreto que puedas, habla de la situación puntual, no de manera general. Es decir, habla sobre los hechos y no sobre las características de las personas.

Expresar tus verdaderos sentimientos y defender tus derechos sin pasar a llevar a los demás, puede ser maravillosamente reconfortante, cuando dices lo que quieres, independiente de si lo consigues o no, logras vivir de forma más autentica y coherente contigo mismo, lo que aumenta tu amor propio y autorespeto.

 

Marianne Kohler (@espacioaguadeluz) es Psicóloga Clínica formada en la visión Humanista Transpersonal y con Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Diplomada en Terapia Floral y Reiki. Facilitadora de Talleres para el manejo de ansiedad, Mindfulness y Meditación. Directora del Espacio Terapéutico Agua de Luz.

Comprométete con tu propósito

¿Cómo afecta la llegada de la primavera en nuestro estado anímico?

automotivate

La motivación ha sido definida de muchas maneras, pero aquí la consideraremos de forma general como lo que hace que una persona actúe y se comporte de una determinada manera. En Psicología se suelen distinguir entre dos tipos de motivación en función de dónde viene el estímulo: motivación intrínseca y motivación extrínseca.

En la extrínseca, el estímulo que mueve a una persona a realizar una actividad viene dado de afuera, es un incentivo externo y no proviene de la propia tarea. La intrínseca, hace referencia a la motivación que viene del interior de la persona más que de cualquier recompensa externa. Se asocia a los deseos de autorrealización y crecimiento personal, y está relacionada con el placer que siente la persona al realizar una actividad. Es la satisfacción de realizar algo que no está determinado por factores externos, sino que está relacionada con la autosatisfacción personal y la autoestima.

Para Daniel Goleman, psicólogo autor del libro “Inteligencia Emocional”, la automotivación es uno de los elementos claves que tienen las personas emocionalmente inteligentes. Goleman define este concepto como la “habilidad para realizar acciones por uno mismo sin la necesidad de ser impulsado por otros factores y para mantener la mente creativa y encontrar soluciones.” Es necesario encontrar fuentes de inspiración que nos proporcionen energías para la acción, en eso consiste la automotivación, en encontrar la motivación desde dentro de uno mismo. Aquí, algunos tips para poder trabajar en nuestra automotivación:

– Conoce el para qué de cada meta: descubrir cuáles son los motivos que nos guían, nos servirá para conocer realmente qué es lo nos lleva a tomar ciertas decisiones y nos ayudará a elegir mejor.

– Desarrolla un buen plan de acción: divide tu meta final en pequeñas submetas. Estas serán hitos que irás consiguiendo y sentirás que te acercan a tu meta final.

– Averigua lo que te hace feliz: no hay nada más automotivante que luchar por lo que te hace feliz. Para eso, debes realizar una correcta autorreflexión y conocerte a ti mismo.. Recuérdate diariamente qué te hace feliz y anda por ello.

– Guarda tu energía física y psíquica para emplearla en lo que realmente quieras conseguir, no la malgastes en cosas que te alejen o te distraigan de tu objetivo.

– Enfócate en el bienestar que te traerá el conseguir esa meta, y comprométete con ese propósito.

– Oblígate a actuar: no te preguntes si tienes ganas o no de hacer lo que tienes que hacer por tu objetivo. Hazlo, y las ganas llegarán por sí solas.

– Fíjate en el camino que has recorrido, no en el camino que te falta por avanzar: recuérdate a ti mismo lo que has logrado en este proceso.

El secreto para avanzar, primero es comenzar ¡Motívate!

 

Marianne Kohler (@espacioaguadeluz) es Psicóloga Clínica formada en la visión Humanista Transpersonal y con Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Diplomada en Terapia Floral y Reiki. Directora y Co-fundadora de Espacio Terapéutico Agua de Luz.

Cuando salir adelante depende de ti

Cuando salir adelante depende de ti

Existen momentos en que nos sentimos muy alineados con nuestros proyectos y que estamos pasando por un buen momento en nuestra vida, pero también muchas veces nos sentimos perdidos, atravesando situaciones dolorosas y haciendo frente a experiencias fuertes que sin duda nos dejarán más de alguna lección. La vida a veces se parece más a lo que no hemos planeado que a lo que planeamos y cuando todo parece ir cuesta arriba, es necesario recordar que no podemos controlar la situación pero sí podemos controlar el cómo reaccionamos a ello. La forma de responder a esos momentos difíciles es lo que realmente define a la persona que somos. Es mejor concentrarnos en lo que sí podemos controlar que es nuestra actitud frente a las circunstancias, la forma de pensarlo, de llevarlo y de superarlo. Todo eso depende de ti. Los siguientes consejos nos ayudarán a transitar por esta experiencia dolorosa con un poco más de liviandad, haciéndonos cargo de lo que sí podemos.

– Recordar que todo pasa, por lo tanto, esto también pasará, aunque vivirlo se nos haga una eternidad, no durará para siempre.

– Observa la situación con perspectiva: aplica tu inteligencia emocional para hacer un análisis honesto de la situación, procesa tus pensamientos y profundiza hasta llegar a la raíz del asunto. Para actuar ante las situaciones difíciles de la mejor manera, es necesario valorar cómo es de difícil la situación. Todo depende de cómo la percibes, ya que la dificultad se ve diferente dependiendo del momento.

– Entender cómo esto te está afectando: El hecho de ser consciente de cómo esta situación te está afectando, a nivel de emociones y acciones, te permitirá darte el espacio para conocerte mejor y así hablar de manera adecuada, expresar tus sentimientos y evitar caer en acciones que luego causen mayores dificultades.

– Medita: Este ejercicio puede ser sumamente relajante e inspirador. Intenta incorporar de a poco la meditación en tu vida, no solo será un gran aliado para este momento, sino que se convertirá en una herramienta fundamental para tu vida cotidiana.

– Ejercítate: El ejercicio sirve para liberar endorfinas, lo que se considera un antidepresivo natural, además de poder canalizar la emociones a través del deporte y el movimiento.

Cuando una persona es capaz de navegar por esas situaciones difíciles no solo crece interiormente, sino que aprende a valorar la felicidad desde una nueva dimensión que le hará ganar en fuerza interior y sabiduría. Una actitud que se nutre de paciencia, aprendizaje y autorreflexión son claves para lograr encontrar nuestras herramientas y salir adelante.

 

Marianne Kohler (@espacioaguadeluz) es Psicóloga Clínica formada en la visión Humanista Transpersonal y con Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Diplomada en Terapia Floral y Reiki. Directora y Co-fundadora de Espacio Terapéutico Agua de Luz.

Sé Amable Contigo Misma

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Las mujeres del siglo XXI nos hemos olvidado de nosotras mismas. Tenemos terror a cometer errores y a ser imperfectas. El nivel de competencia es cada vez más alto junto con la gran cantidad de roles que tenemos que cumplir. Esto nos invita a alejarnos cada vez más de nosotras mismas y a postergarnos constantemente. Tenemos que hacerlo todo bien, dejar a todos contentos y además, ser súper disponibles. Queremos ser la mujer maravilla pasando a llevar cada vez más nuestros límites, olvidándonos completamente de nosotras mismas y de nuestras necesidades.

El ser amable contigo misma es tratarte bien y mejorar la relación que tienes contigo. Es conocerte, aceptarte y amarte. Tratarte tan bien como tratas al otro que quieres que esté siempre contento. Es cambiar el discurso que tienes hacia ti, hablarte amorosamente y entender por lo que estas pasando y viviendo. Es dejar de castigarte, de culparte, de rechazarte y es abrir espacio al lado compasivo, a abrazarte y regalonearte. Es respetar tus emociones y permitirte sentir.

Ser amable contigo misma es conocerte y saber lo que te hace sentir bien, lo que te hace sentir que estás en tu centro. Y una vez sabido eso, es respetar que eso es lo que necesitas para estar bien. Mejorar el trato hacia ti, aumentar tu amor propio y respetar tus límites, trae un sinfín de beneficios que se traduce en mayor felicidad, bienestar y calidad de vida.

La única forma de que nuestras relaciones sean sanas y nuestra vida placentera, es no olvidarnos de nosotras. Mientras más me respeto, más respeto a los demás. Mientras más nos aceptemos, más aceptamos a los demás. Mientras más nos veamos, más vemos a los otros y más nos ven, y dejaremos de sentirnos invisibilizadas.

Nos dijeron que esto funcionaba al revés, que era el bienestar de los demás antes que el de nosotras. Al parecer, eso no nos está resultando. Probemos esta nueva forma, desde nuestro centro y nuestro amor propio, hacia los demás.

 

 

Ps. Marianne Kohler -Cursando Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Terapeuta Floral y Reiki.

Enfocarse en lo positivo

enfocarse en lo positivo

En una sociedad competitiva y enfocada al logro, como en la que estamos hoy en día, es natural que las personas vayan cambiando el lente con que miran a los demás y sobre todo con el que se miran a sí mismos. La gran mayoría de las veces, este lente está enfocado en mirar el aspecto negativo, es decir, lo que no funciona, lo que podría ser distinto y mejor, lo que no es suficiente. Si pudieras solo por un instante ser consciente del lenguaje de cómo te hablas y de cómo te tratas a ti mismo, te darías cuenta que la gran mayoría de las veces es un lenguaje castigador. Es un lenguaje que nos dice que no somos lo suficientemente nada, que nos falta tanto para ser felices y para sentirnos realizados. Y así, constantemente, tenemos pensamientos negativos de nosotros mismos, de los demás y lo de la vida. Pero, ¿Qué pasaría si en vez de seguir enfocados en lo malo de nosotros, mejor nos enfocamos en lo bueno? Mi invitación es a probar algo distinto y poder empezar a cambiar estos lentes, tratando de mirar lo positivo de nosotros, lo que sí estamos haciendo bien, los talentos que sí tenemos y las pasiones que nos encienden el corazón y nos hacen vibrar. Enfoquémonos en lo que sí funciona de nuestras relaciones y en lo que sí tenemos para agradecer de la vida. Aumentar la dosis de lo que nos resulta, y disminuir aquello que ya no nos hace bien. Aunque en algunos momentos pareciera que no hay nada bueno que mirar, siempre hay algo que se pueda rescatar. Esta actitud positiva nos lleva a enfocarnos más en la solución que en el problema, a vivir el presente, a desarrollar la gratitud, a permitirnos ser quienes realmente somos y permitir a los demás ser. Todos estamos improvisando en el arte de vivir, y enfocarnos en lo que sí nos resulta y en lo positivo de nuestras vidas, nos lleva ser más compasivo con nosotros y los demás, a disminuir el peso extremo de las expectativas y las exigencias, y por ende, a desarrollar una vida en la cual estemos más conformes, en que la aceptemos más como es en vez de sufrir porque no es como queremos que sea. Miremos qué cosas de nuestra vida queremos que se mantenga así, en vez de lo que queremos cambiar. Hay muchas cosas que sí están saliendo bien y que te están resultando, tienes muchos aspectos positivos que a veces dejas de mirar por enfocarte en lo malo de ti. Hagamos algo distinto: Tratemos de mirarnos desde nuestros recursos y no desde nuestras carencias. Desde lo que sí, y no desde lo que no.

 

 

Ps. Marianne Kohler -Cursando Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Terapeuta Floral y Reiki.

El amor después del amor

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Después de haber amado con intensidad y entrega en una relación que no prosperó, podemos salir dañados y temerosos de volver a intentarlo de nuevo. El corazón se cierra, porque volver a amar, implica volver a ser vulnerables. Hay quienes se preguntan si después de una relación fallida pueden tender a amar menos al otro y no es así. Después de una relación fallida no se ama menos a los demás, sino que se aprende a amar más a uno mismo. Amar a los demás nunca ha sido ni será el problema, pero sí lo es el poco amor que nos podamos tener a nosotros mismos. Amar es de valientes, y un corazón valiente puede entregarse de nuevo, una y otra vez. Vinimos al mundo a amar, no permitamos que las experiencias difíciles nos hagan apartarnos de eso, más bien tomémoslo como aprendizaje para amarnos más y mejor, y así entablar una relación sanadora para la próxima vez. Para poder intentarlo es necesario tener conciencia de algunos procesos:

  1. Antes de pensar en amar a alguien más es necesario cultivar el amor propio. Reflexionar sobre las razones por las cuales fracasó la primera relación, evaluar la cuota de responsabilidad que hubo en ti y elegir hacerte cargo. Es fundamental que mires hacia a ti, no hacia afuera. Busca primero a la maravillosa persona que llevas dentro y explora tus propios laberintos interiores. La clave está en un trabajo personal contigo mismo para que regreses a la calma, para que tus emociones se tranquilicen y para encontrar el amor en ti. No busques fuera, busca dentro. Cuando has establecido contacto contigo mismo desde el amor consciente, la paz y la coherencia, es cuando podrás construir una relación más madura y saludable.
  2. Es natural que surjan muchas preguntas desde el miedo, ¿y qué pasa si vuelve a fracasar? ¿Si vuelvo a repetir lo del pasado? El temor a volver a pasar por el dolor de la relación anterior es totalmente válido, pero actuar desde ahí nos genera separación, que es justamente lo contrario que necesitamos para sanar.
  3. Mantener la esperanza: Empezar nuevamente no es fácil, pero es muy bueno darse una nueva oportunidad para ser feliz. Mantener una actitud positiva es fundamental para evolucionar a una mejor calidad de vida, a pesar de que se nos ha enseñado a ver las dificultades como crisis y no como aprendizaje y puede serlo si tu así lo decides. Mantén una actitud positiva ante la vida, todo lo que te pasa y las decisiones que tomes en su momento son para mejorar. Revisa los recursos que tienes y no los que no tienes: se te abrirá un abanico de posibilidades que ni lo imaginas.
  4. Ocuparse de los problemas emocionales sin resolver: Elegir sanar cualquier dificultad emocional propia que pueda llegar a impedir desarrollar una relación sana. Es muy común que los conflictos no resueltos aparezcan permanentemente en nuestra vida actual.

No dejemos que nuestras experiencias previas nos condicionen, hagamos un trabajo interior y tomemos conciencia, de manera de poder liberarnos de nuestros patrones que hacen que repitamos situaciones dañinas, hagamos cargo de nuestra historia y elijamos sanar. Esta vida es de valientes, de quienes luchan, se atreven, buscan, aprenden y conquistan.

“Lo cierto es que sólo existe una dignidad última: el amor. Y no es importante la historia de un amor. Lo que cuenta es ser capaz de amar. Tal vez sea el único atisbo que se nos permite de la eternidad” – Helen Hayes

 

 

Marianne Kohler (@espacioaguadeluz) es Psicóloga Clínica formada en la visión Humanista Transpersonal y con Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Diplomada en Terapia Floral y Reiki. Directora y Fundadora de Espacio Terapéutico Agua de Luz.

Maldita primavera

¿Cómo afecta la llegada de la primavera en nuestro estado anímico?

Maldita primavera

Con el comienzo de los días calurosos, soleados y primaverales da para pensar que estamos de mejor ánimo y más felices que en los oscuros días de invierno, sin embargo, cada cambio de estación, más allá de si es invierno o verano, repercute en nuestra estabilidad emocional. Cerca de un 30% de las personas que tienen depresión, encuentran su origen en el comienzo del invierno o de la primavera. Esto es lo que se conoce como depresión estacional y se produce, entre varias causas, por el cambio de la luz solar. En algunos casos, cuando la afectación genera sufrimiento o malestar de manera persistente y recurrente, estamos frente un Trastorno Afectivo Estacional (TAE), que según los estudios, el 15% de la población general lo padece siendo las mujeres más propicias a sufrirlo, pudiendo comenzar durante los años de la adolescencia o en la adultez.

La depresión primaveral, o astenia primaveral, es uno de los trastornos estacionales más frecuentes. Se agudiza la ansiedad, el malestar físico debido a las alergias y aumenta la sensación de soledad, lo que la convierte en la época del año en la cual se registra la mayor tasa de suicidios.

La llegada de la primavera implica un aumento de la intensidad y duración de la exposición a la luz solar, afectando la melatonina y los niveles de serotonina, alterando nuestra estabilidad emocional. También se ha visto que los alérgicos con probabilidad de inflamación respiratoria presentan mayores tasas de depresión primaveral. Por otra parte, existen factores sociales como la presión de estar siempre feliz y radiante en esta época del año, haciendo que aquellas personas que están pasando por una mala situación puedan presentar patologías y síntomas depresivos.

La mayoría de las personas nos vemos afectadas por los cambios estacionales. La diferencia está en la intensidad con la que nos afecta y el sufrimiento que nos produce. Los síntomas no son muy diferentes a los de otras depresiones y los tratamientos pueden ir desde una terapia preventiva a tratamientos con fármacos antidepresivos y en algunos casos, con estabilizadores del ánimo. Sin lugar a dudas, es una buena opción complementar con psicoterapia y evaluar los cambios de hábitos que sean necesarios hacer para mejorar el estilo y calidad de vida, de manera que podamos hacer que pase ligera esta maldita primavera.

 

Marianne Kohler es Psicóloga Clínica formada en la visión Humanista Transpersonal y con Postítulo en Terapia Estratégica Breve. Diplomada en Terapia Floral y Reiki. Facilitadora de Talleres para el manejo de ansiedad, Mindfulness y Meditación. Creadora del Espacio Terapéutico Agua de Luz donde brinda atención a sus pacientes.

La importancia de priorizar

Priorizar, en definitiva, es difícil. ¿Qué podemos hacer frente a esto? El primer paso es conocernos.

la importancia de priorizar

En la actualidad, es común tener la sensación de que somos unos pulpos, ya que tenemos que hacer muchas cosas a la vez y todas hacerlas bien. Estas responsabilidades, suelen incluir a un tercero (pareja, hijos, familia, amistades) y queremos cumplir con todos ellos también, sin decepcionar a nadie.

Esto, irremediablemente, se convierte en estrés y en las consiguientes sensaciones de agobio y colapso, junto con sintomatología que se manifiesta a través del cuerpo. Nos angustiamos porque no podemos elegir, sentimos que todo tiene el mismo nivel de importancia y urgencia, pero mientras más nos angustiamos, más difícil se nos hace la tarea de priorizar. La mayoría de las veces, nos cuesta establecer nuestras prioridades porque tenemos un conflicto interno entre las cosas que queremos hacer y las cosas que debemos hacer. Entre lo que queremos y lo que quieren los demás de nosotros.

Priorizar, en definitiva, es difícil. ¿Qué podemos hacer frente a esto? El primer paso es conocernos. Cuando nos conocemos, podemos tener alguna idea clara de los que queremos conseguir y de cuáles son nuestros objetivos. El segundo paso es, según nuestros objetivos, priorizar las responsabilidades que son verdaderamente importantes y las que nos llevan de alguna u otra forma a ese camino que nos hemos trazado. Con nuestros objetivos más o menos claros, se hace más fácil delimitar nuestras prioridades y no darle a todo el mismo nivel de importancia. Es fundamental centrar nuestros esfuerzos en las cosas importantes y dejar las que no lo son para los espacios libres. El tercer paso, es aceptar que la vida es un constante fluir y está siempre en movimiento. Así, como la vida va cambiando, las prioridades también. Lo que era primordial para nosotros hace algunos años, ya no lo es actualmente y eso tenemos que aceptarlo y no luchar en contra.

Simplemente, reconocer cuáles son nuestros objetivos hoy en día según lo que somos en el presente para luego plantear nuestras prioridades clasificando el nivel de importancia de nuestras responsabilidades y que esto, sea según lo que nos vaya llevando hacia nuestro camino y hacia lo que queremos lograr en nuestra vida. Esto aumenta nuestra sensación de logro, bienestar y realización, pero para saber priorizar, tenemos que priorizarnos a nosotros mismos. Que el camino que hagamos sea según lo que queremos y no según lo que quieren y esperan los demás de nosotros. Seamos auténticos en nuestros sueños, esa la clave para priorizar.


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